martes, 11 de junio de 2013

Haciendo la obra de Dios...


“Haciendo la obra de Dios”

“La obra que me encomendaste que hiciera, la he terminado.” Jn 17,4

¡Paz en Cristo nuestro Sumo y Eterno Sacerdote!

La mayoría de los cristianos no tienen ni idea para que van a la iglesia, no saben porque tienen que ser parte de un grupo eclesial. Piensan que con decir “soy de tal o cual iglesia”, ya cumplieron con su deber.

Ese es un gravísimo error…

Los cristianos recibimos la Gran Comisión de parte de nuestro Señor Jesucristo: “Por tanto, vayan y hagan discípulos en todas las naciones…” Mt 28,19

La Gran Comisión es lo que le da sentido a nuestras vidas, rumbo a nuestras Iglesias y poder a nuestro ministerio ya que es nuestro PROPOSITO como hijos de Dios.

Antes de padecer, nuestro Señor Jesucristo hizo la famosa “oración por sus discípulos” (también conocida como la oración sacerdotal) Jn 17, en la cual nuestro Divino Salvador ora al Padre Celestial por los apóstoles (y por todos los discípulos), pero, además en el verso 4 dice: “La obra que me encomendaste que hiciera, la he terminado.”

Jesucristo le dio gloria a su Padre Celestial cuando cumplió con la obra que Él le había encomendado.

Jesucristo lo dijo: “Si me aman cumplirán mis mandamientos”. Los cristianos damos una adoración en “Espíritu y en Verdad” (Jn 4,24) a la Santísima Trinidad, le damos gloria, honra y adoración cuando hacemos la voluntad del Padre  que esta en el Cielo (Mt 7,21).

No cualquier persona puede entender esto, solo aquellos que tuvimos el honor de que “los ojos del corazón se nos han iluminado” (Ef 1,18) y que se nos a “abierto los ojos” (Lc 24,31)  y que “fuimos iluminados” (2 Cor 4,6), es decir, que recibimos al Espíritu Santo y somos conducidos a toda Verdad (Jn 14,26; Jn 15,26).

Todos los que formamos parte de la maravillosa familia de la Iglesia Ortodoxa Autocéfala de las Américas, desde el momento de nuestra Crismación recibimos dos cosas: “El Gran Mandamiento” (Jn 13,34) con el cual cumpliríamos la “Gran Comisión” (Mt 2819), para esto el Señor Jesús nos llamo de donde estábamos, nos saco del dominio del Maligno, del pecado y de la muerte y nos traslado a su Reino y nos dio nueva vida por su Sangre (Rom 5,9), este es nuestro PROPOSITO. Este es nuestro “GPS” espiritual, es nuestra brújula como cristianos, sin la cual nos perderíamos.

La Lectura de las Divinas Escrituras nos alimenta, nos renuevan y nos iluminan.
La recepción de los Sacramentos nos santifica por la acción del glorioso y bendito Espíritu Santo.

La oración nos une a Dios en un dialogo de amor.

La participación de la Divina Liturgia nos permite unirnos a todo el Cuerpo Místico de Cristo (Rom 12) en adoración, la cual redunda en nuestra santificación.

Pero como cristianos, estamos llamado por Dios a testificar y evangelizar a todas las personas, ya que nosotros hemos recibido a Dios en nuestras vidas, y Dios que “es Amor” (1 Jn 4,8) desea “que todos los hombres sean salvos y se vuelvan al conocimiento de la verdad” (1 Tim 2,4).

No importa cuantas personas asistan a las “iglesias”, no importa cuantas veces digan “aleluya”, no importa cuanto lean de las Divinas Escrituras o cuanto oren o comulguen, si no están cumpliendo con La Gran Comisión simple y sencillamente no han recibido al Señor Jesús en sus vidas.

Es por ello que para la familia de la Iglesia Ortodoxa Autocéfala de las Américas el cumplir con “El Gran Mandamiento” para poder con “La Gran Comisión” es el centro de nuestra vida pastoral, espiritual y eclesial.

¿Cuál es nuestro PROPOSITO como miembros de la Iglesia Ortodoxa Autocéfala de las Américas?

¡¡¡GANAR EL MUNDO PARA CRISTO!!!
¡¡¡GANAR EL MUNDO PARA CRISTO!!!
¡¡¡GANAR EL MUNDO PARA CRISTO!!!

Si deseas ser parte de nuestro PROPOSITO que Cristo nos entrego, si deseas entregarle tu vida al Señor Jesús (no a una Iglesia, religión o grupo, ya que solo Cristo salva) te invitamos a que te pongas en contacto con nosotros.

Desde hoy estamos orando por ti y por tu familia.

¡Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo!

Su hermano y amigo en Cristo:
Monseñor +Atanasio
Obispo.




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